miércoles, 7 de enero de 2015

LLUVIA, EXCUSA DE NOVATOS

Al Último Atleta no se le había presentado un rival aparentemente difícil en la rutina de entrenamiento, como la lluvia. Era normal, pues no había salido a correr en excesivas ocasiones aún. Pero el día tenía que llegar, y así fue. Con el 'planning' en mano, vio que esa semana eran tres las veces que tenía que salir a correr.


El lunes era día de entrenamiento. Jueves y domingo el segundo y tercer día. Empezó la semana lloviendo. Pensó: "Salgo a correr mañana, no pasa nada". Pero el martes también llovía, y el miércoles. Realizó un cambio de 'planning' sobre la marcha, que prolongaba el entrenamiento del lunes al jueves, el del jueves al sábado, y dejó el del domingo. Pero el domingo llovió. No le quedaba más remedio que salir, pero su voluntad fue más bien la de quedarse tumbado en el sofá mientras la lluvia no daba tregua. No era un diluvio, solo chispeaba, pero no paró en todo el día.

Así que se saltó el entrenamiento. Nadie sabe nunca cómo va a evolucionar el tiempo, salvo que sea meteorólogo o busque información sobre ello. En ocasiones uno ni se interesa por ello, y eso fue precisamente lo que le ocurrió al Último Atleta. Su conclusión fue que esa semana había sido una excepción, con la finalidad de encontrar una excusa al pésimo rendimiento de esa semana. Él mismo sabía que se estaba engañando.

Encaró la siguiente semana con un sol brillante, que le obligaba a salir a correr descaradamente. Ni hecho aposta. Esa semana no hubo ni una pega en el cumplimiento del plan de entrenamiento, pero su ritmo se había ralentizado. Cuando uno se relaja, estas cosas pasan. No lo pensó así el Último Atleta, pues residía en su propia burbuja, en la que buscaba respuestas a su actitud.

El siguiente reto no era mejorar el ritmo, ni correr más tiempo. El Último Atleta deseaba la lluvia para desprenderse de aquel molesto agujero psicológico que le había dejado el no salir a correr con lluvia. Esperó hasta que ese día llegase. Salió bien equipado, como es debido. 45 minutos después llegó a casa con una sensación de goce jamás experimentada. Comprobó que la lluvia solo es aliado de la pereza, y no excusa de corredores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario