Corría una pequeña brisa algo incómoda, el Último Atleta optó por no dar importancia a eso y se puso en marcha, un día de pleno invierno, aunque pareciera mentira. Llevaba 10 quilómetros y no estaba cansado. Suele pasar cuando se corre a ritmo de trote.
Pero lo más curioso ocurrió justo al final, por suerte. Notó esa suave brisa y los pezones se le pusieron en punta. Le empezaron a rozar con la camiseta y sangraron. Decía suerte porque al restarle poca distancia no sufrió mucho el llamado 'síndrome del pezón sangrante'. Dolorosa e incómoda sensación que puede acabar con la paciencia del corredor.
El Último Atleta se metió en la ducha y los pezones le escocían. Le había salido una pequeña herida con la que no daba crédito. No era insoportable pero si incomfortable, una sensación extraña. Para no sufrir este dolor existen pautas para evitarlo. De hecho, lo primero que hizo el Último Atleta fue buscar información en este aspecto.
Sufrió poco, pero sufrió. Así que entendió que en distancias mayores eso no podía suceder. Tan incómodo le resultó que no quería pasar por ese mal rato. El 'síndrome del pezón sangrante' puede parecer tan gracioso como doloroso.
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