Precisamente hizo eso. Se enteró que había una carrera cerca de donde vivía y decidió ir a verla. Un gran ambiente y gente conocida. Todo el mundo le preguntaba lo mismo: ¿No vas a correr? ¡Tío, ahora estás en forma! No sirvió de nada más que un subidón de autoestima. Es decir, no le convencieron para correr, pero tomó conciencia de que la gente que lo conocía le tenía presente como un chico que salía a correr y que había mejorado últimamente.
Ir a ver una carrera le sirvió para aprender muchas cosas. Por ejemplo, cuando veía el sufrimiento de los corredores empatizaba con ellos. Antes no animaba, es más, ni iba a animar. Ahora podía ver en los ojos de los atletas el sufrimiento y el esfuerzo de todos. También alucinó con el ritmo de los primeros corredores. 3:30 era un ritmo que parecía imposible, no daba crédito ante tales zancadas, y ese descomunal rendimiento de unos atletas que no presentaban signos de grasa.
No obstante, lo que más le sorprendió al Último Atleta fue los rostros al terminar la carrera. El segundo estaba más enfadado que el 547. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede el segundo quejarse habiendo sido segundo? Intuyó que quería ser primero, más que mejorar el tiempo. A medida que llegaban los corredores las caras expresaban cuáles eran los objetivos y los resultados de cada uno.
Cada loco con su tema. No hay otra explicación que esa. Por eso cuando hablábamos de mejorarse a uno mismo le dábamos tanta importancia. En el 'running' no hay dos, ni tres, ni cuatro niveles, hay infinitos. Uno puede fijarse en alguien con ritmos semejantes, en su propio crono, en su posición el año anterior, en la edad, o simplemente en terminar. Así, un hombre de 60 años estará eufórico por haber quedado por delante de 20 chavales de 18 años, mientras que esos chavales de 18 años estarán felices por haber terminado su primera carrera.
El 'running' proporciona felicidad y la oportunidad de reinventarse. El Último Atleta empezaba a dar importancia a lo que estaba haciendo. Practicar el deporte popular por excelencia era la mejor manera de sentirse bien consigo mismo. Y además ver que no estaba solo en ello era una felicidad inexplicable. Los rostros al terminar expresaban la belleza de este deporte.
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