jueves, 8 de enero de 2015

CONTRARRELOJ, EL MEJOR ENTRENAMIENTO

Dos meses de entrenamiento no habían dado tiempo a repetir el circuito. En este tiempo, al Último Atleta le había picado la curiosidad, algo muy bueno, puesto que cambiar el recorrido había servido para adaptar el cuerpo a diferentes superficies, los pulmones al desnivel, y la mente al tiempo. Todo eran ventajas.


Sin embargo, lo que no sabía el Último Atleta era que repetir un mismo recorrido le serviría para tomar una seria referencia a su rendimiento. Tan simple como desapercibido para él. Por causas desconocidas, decidió repetir el circuito que realizó un mes antes, aproximadamente. Fantástico. Recordaba el crono que hizo el primer día (39:51), y lo mejoró en su segunda ocasión (39:23). La ventaja de salir la segunda vez es que recordaba qué tramo sufrió y cuál tiró.

Tan solo dos meses después de su debut, se estaba dando cuenta que en el mundo del 'Running' había tanto por aprender... Tanto es así que en cada entreno estaba aprendiendo algún detalle distinto. Parecía tan sencillo, pero era tan complejo que su gran ambición era conocer cada día algo nuevo, más que ponerse en forma.

Una de las cosas que más le sorprendió, en este caso, fue la 'contrarreloj'. Un tipo de entrenamiento muy duro, en el que juegan la cabeza, los pulmones, y las piernas, es decir, lo más importante para correr. Algunos creerán que eso es lo que se usa en todos los entrenamientos, pero la diferencia está en la escala. Entrenamientos de larga distancia a ritmo suave son los pulmones los que actúan más, si el ritmo es mayor entra en escena la mente, entrenamientos cortos requieren potencia en las piernas, etc. No obstante, una contrarreloj es un tipo de práctica que requiere rapidez, inteligencia y resistencia.

Al ser el tiempo el mayor reto a superar, el Último Atleta entendió que debía encontrar esos puntos de descanso para las piernas, esos sectores que servirían para coger fuerzas y encarar tramos más duros. Podrían ser las cuestas abajo, buen momento para relajar las articulaciones, dar tregua, y reponerlas mínimamente para superar cuestas arriba, por ejemplo.

En fin, era una sesión en el que el enemigo principal era él mismo. Pendiente del cronómetro, el Último Atleta sabía que debía apretar en algunas zonas, pues se acordaba del tiempo cosechado en anteriores ocasiones. Probablemente no hubiese mejorado el crono en siete quilómetros en otro recorrido, pero el Último Atleta lo consiguió hasta en cuatro ocasiones consecutivas.

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