lunes, 15 de diciembre de 2014

SERIES

4 meses de entrenamiento que se habían pasado volados. Parecía que era ayer cuando el último atleta terminaba su primera carrera. El destino quiso que hiciese esa carrera. Fue un día sin más.
Ahora era incapaz de dejarlo. Después de todo lo conseguido, era consciente de lo difícil que había sido llegar hasta aquí, y dejarlo sería un error. Por eso, entre otras muchísimas cosas, el último atleta ya estaba empezando a notar los síntomas del corredor.



Muchos de los conceptos ya estaban asumidos. Correr empezaba a ser una rutina. Sin embargo, había cosas que estaban por pulir. Normal. Llevaba solo 4 meses. El último atleta empezó a aburrir sus métodos. Más que disfrutar, salía a correr por obligación. Eso era un gran error. Uno no puede hacer deporte sin estar a gusto. Pero él no sentía que el 'running' fuese aburrido. Tenía fe en que esa sensación terminaría. Solo faltaba encontrar alicientes.

El problema estaba precisamente en eso, los métodos. Salir a correr durante 40, 50 o incluso 60 minutos pero a un ritmo sin cambios y una ruta que apenas se diferenciaba era un problema lógico. Era muy comprensible que el último atleta terminase por aburrirse. La solución fue pedir consejo. Sus amigos corredores podían ser una gran fuente de inspiración. Por eso acudió a ellos. SERIES es la solución, le contestaron contundentemente. ¡No puede ser que no hayas hecho series!

Tras haber entendido básicamente lo que eran las series, no quedó más remedio que ponerse a ello. Allá vamos. Para empezar, el último atleta cambió su ruta. Acierto total. Puso el cronómetro en marcha. 15 minutos suaves, para calentar el cuerpo. Lo de siempre, más o menos. Pero llegados los 15'... "ay, llegados los 15'". Consistía en subir el ritmo. 1 minuto a ritmo alto, un ritmo de 4:30 min/km y otro minuto de trotar repetido en 12 ocasiones. Las primera 5 series aguantó, pero en el resto no le quedó otra que ir al máximo, aunque no fuese el ritmo deseado. Acabó destrozado. Eso sí, cuando llego a casa estaba satisfecho, con ganas de volver. Ese entrenamiento le hizo cambiar de perspectiva. Un día te ves fuera, y al siguiente rezas por no dejarlo nunca.


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