El último atleta no desiste. Su corazón no puede, pero su cabeza lo mantiene. Respira fuerte, a más pulsaciones de las normales. Le falta 1,2 km, pero acumula 19,8. Lo está palpando, mira al horizonte y ve una línea con un inmenso crono que marca 2 horas y 26 minutos. No da la luz en la recta final y el viento le sopla en contra. El cambio de temperatura hace desaparecer todo el sudor. Se le pone la piel de gallina. La distancia, la temperatura, el esfuerzo, la fatiga..., todo se vuelve contra él. Piensa que esos 1200 metros le sobran, pero lo contrarresta deseando una cerveza cuando acabe su primera carrera.
El último atleta ve como otros 50 atletas vuelven en dirección opuesta, con un plátano y un regalo que otorga la organización del evento. Lo hacen con una sudadera y una sonrisa en la boca. Saben que lo han conseguido, y eso les enorgullece. No todos están felices. Uno ha sobrepasado 37 segundos que no pretendía. Ha perdido toda la técnica, y corre con el cuerpo inclinado hacia adelante.
El último atleta piensa: "¿Como puede estar enfadado?". Él daría lo que fuera por estar en su posición. Apenas le faltan 400 metros pero la sensación es de que quedan 800. Oye al "speaker" animarlo: "¡Ese dorsal 2137, de camiseta roja, ya lo tienes!" Ve a su novia, sus amigos y sus familiares como le apoyan. Se crece. Sube el ritmo. No lo haría si ellos no estuvieran ahí. Probablemente ni sería capaz. Mira atrás y no ve a nadie, es consciente de que es el último. Da igual, no se avergüenza.
El último atleta tiene 28 años. No es viejo, ni ancho. Su físico está en un momento que se puede aprovechar, pero no entrena. A falta de 100 metros sabe que lo tiene, y su conciencia ya no piensa en sufrimiento. Acaba. La gente le aplaude. Está algo mareado, solo ha desayunado de dos mandarinas, es normal. No piensa en ello, sino se limita a acordarse de todo lo que le ha ocurrido. Ese atleta que bajaba decepcionado por su crono habiendo acabado en 34ª posición...
El último atleta envidia, pero entiende. Desea tener las mismas condiciones que el 34º clasificado, y se toma eso como una meta. Se sienta después de recoger el plátano y una camiseta. Respira muy hondo, mira al cielo. Sonríe. Lo ha conseguido. Sus amigos le felicitan, pero ninguno lo hace como él espera. Quizás el "enhorabuena tío" se podría substituir por un "¡crack!, 21 km en tu primera carrera, ¡eres grande!" Quien no sufre, no valora.
El último atleta llega a casa, se ducha. Goza esa ducha. Se viste y se va a comer. Se lo merece. Pasan dos semanas y él sigue entrenando. Nada cambia, pero cuando corre aún tiene "flashes", aún se acuerda de lo que le aportó esa carrera. Llega a casa y da un golpe sobre la mesa. Sabe que debe cambiar algo. Su ejemplo es el 34º clasificado. No quiere ser como él, pero quiere sentir lo que él sintió. Quiere unos objetivos. Se crea un plan de entreno. El último atleta quiere dejar de ser último para ser atleta...
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